sábado, 2 de agosto de 2008

Segunda botella al mar




¿Dónde quedaron aquellos días de sol y risas?
¿Dónde la ternura y sus racimos?
¿Dónde los silencios a dos voces?
¿Dónde mis manos, tus labios, mis latidos?

Te pregunto ¿dónde?, por que aquí no están
Aquí habita el olvido y sus desvelos
La razón se burla de mi deseo cuando van
Las gaviotas graznando su desconsuelo.

Tal vez los he dejado
Sobre la blanca silla de la estancia
En la sala del cine, dentro de algún vaso
En las calles olvidadas de la memoria
Con bugambilias que recuerdan nuestros pasos.

Ahí quedaron las noches de aclaratorias
Las avenidas en diagonal atravesadas
Las palabras que nunca dije, esa mirada
Que por intensa fue mal interpretada.

Esa mirada pretendía guardar cada parte de ti
Nunca meter en un cajón juicios, enojos o lejanías
Quise guardar tu sonrisa, tus horas, tus palabras
El tacto de tu piel, tu aroma, tus madrugadas.

En ese cajón fui acomodando, siempre metódico
Tu cuello erguido, la diadema entre tu pelo
Las líneas de tus ojos, el color de tus labios
Tu voz que me salva de mi letargo.

Aun quedaba espacio en el cajón y quise guardar
El horizonte de tus hombros que parecían
Soportar todo el peso del mundo mientras deseaba
Dejar un beso en ellos para aliviar cuanto cargaban.

Mas el cajón, ese recipiente de mi mirada
Se negó a guardar los demás centímetros de ti
Es decir, tus brazos que no me abrazaban,
El territorio vedado entre tu cuello y tus pies
Entre tu ombligo y tu espalda.

Por eso aquella mirada fija parecía cansada
Nunca guardó en el cajón todo lo que deseaba
La amistad y el deseo se contradicen
Cuando el amor se niega a emprender la retirada.

Por eso hoy te pregunto
¿Dónde quedaron los días de sol y aquella mirada?
Si los encuentras, si acaso los guardas
Entonces agrega al cajón esta botella al mar
Y no entierres en la arena de tu olvido
Estas palabras.


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