sábado, 26 de julio de 2008

Botella al mar


Robinson, solo en su isla, decidio lanzar una botella al mar y dentro de ella escribio lo siguiente:


Si, ella tiene razón. Soy parco, demasiado parco. Me escudo tras una serie de poses, también el silencio es una pose. Aun cuando no se si lo que anoche se dijo fue en forma irónica o en tono de reproche. Aun no se si aquel “a ver si acaso nos volvemos a ver” fue dicho en forma de sentencia o como un juego de hastíos mal cuadrados. Sucede que siempre he dado demasiada importancia a las palabras, una importancia desmedida y en ocasiones hasta irracional. Por esa importancia, la palabra, e incluso la ausencia de la misma, se ha convertido en motivo separador, en dedo índice sobre las dos mitades de un mismo mar.

Negar el impacto de esas, nuestras ultimas palabras, es negar a un mismo tiempo el nido de hormigas que desde la primer hora de la mañana planeaba un estado de sitio en el hueco hormiguero de mi estomago. Es negar los dos mil escenarios posibles que me he planteado desde que cerré la puerta del taxi. Es también negar el guiño que hace esa sombra de posibles abismos que desde hace algunos días ha vuelto a aparecer, pequeña sombra en escapada, sombra prófuga de los años intermedios, sombra escurridiza, sombra, en fin, que ha burlado los candados en esta caja de Pandora que es mi boca.

Entre los posibles escenarios se encuentra la ausencia. Mas, ¿acaso se pueda vivir en forma permanente instalado en la ausencia?, ¿acaso sea factible desprenderse en forma total, de piel, necesidad, memoria, presencia, imaginación, fe, historia, necedad?, ¿acaso?... y ¿Qué sucede entonces con el resto?, ¿con lo que queda?, ¿con los pies blancos y las manos sucias?, ¿con el saco vacío y los hombros caídos?, ¿Qué sucede cuando uno, yo, usted, cualquiera, abandona lo que fue durante la mayor parte de su vida el punto de referencia, la vara de medir, el molde nunca igualado?.

Hoy debo volver a empezar, buscar la forma de encerrar esa fantasma de la derrota que siempre me ronda. Resulta paradójico, pensar en el siempre presente sentimiento de perdida, en la ausencia, en el camino vacío, en las manos frías que buscan a tientas en las madrugadas frente al mar, si, resulta paradójico por que antes no he intentado, no he dado ese primer paso. Necesito decir sin pensar cinco, diez veces antes, decir lo que siempre guardo. Decirte que esta mañana, rodeado de rostros desconocidos, entre las mesas simétricas del área de restaurantes, en este centro comercial repleto de manos entrelazadas, de historias que se mezclan, en este breve espacio donde estoy porque necesito de esos rostros, de esos gestos, de las voces ajenas, de las historias que me invento cada vez que veo a algún pareja de desconocidos y a ellas les pongo tu nombre y tu aroma y a ellos les pongo mi voz y mis ansias… decirte que sigo pensando en ti, que las palabras no dichas pesan mas que los comentarios a medias, que reconozco alguna semejanza, un breve destello, casi una brisa, en nuestras diferencias, decirte que este día te necesito a mi lado. Si, en ocasiones soy parco, ella tiene razón.

De esa forma, Robinson busca, de una vez y por todas salir de su isla, encontrar la ruta, esa corriente que lo lleve lejos, que le permita dormir sin despertarse a cada momento con un nombre, con unas historia, con un sabor nuevo entre los labios. A lanzado su primer botella al mar.

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